Educar es natural

En la actualidad nuestro ritmo de vida nos lleva a estar cada vez más concentrados en grandes ciudades. De casa al trabajo y del trabajo a casa, muchos días ni siquiera podemos ver la luz del sol. Lo que para nosotros es más o menos incómodo, influye de manera más particular en nuestros niños. Vivimos en casas cada vez más pequeñas. El desahogo de los niños consiste en jugar en el patio del colegio, generalmente hecho de cemento. Para después ir al parque del barrio, a jugar con los columpios hechos de plástico y a tomar una merienda que ha sido procesada y envasada.

Esta generación vive de espaldas al medio natural. Aún pudiendo en la ciudad tener contacto con flores y animales, los padres generalmente anulamos estas iniciativas. Quién no ha dicho alguna vez frases como “¡No toques las plantas, que te ensucias!”, cuando el niño había descubierto el maravilloso contraste de colores de una flor. O “¡Pero qué asco, suelta ese gusano!”, cuando el niño ha observado que había algo que removía la tierra y tenía curiosidad por descubrir qué era. O también “No juegues con esa tierra, que está sucia y te pondrás malito!”, ¡como si existiese la tierra limpia!

La infancia es la época del descubrir el mundo (después llega la edad adulta, que es la de digerirlo). Los niños tienen una curiosidad innata, y sólo el que la satisface por sí mismo crecerá libre y autónomo. El niño tiene el deseo constante de descubrirlo todo. Si le coartamos esa necesidad, es como si le estuviésemos dejando sin comer. Te lo explico de otra manera, hay alimentos que alimentan el cuerpo y otros que alimentan el alma. Y los niños (tanto o más que los adultos) necesitan de ambos. Si le preparas su desayuno preferido, mientras le estás gritando para que se dé prisa, seguramente llegaréis tarde. Le estás dando alimento para el cuerpo, pero no alimento emocional. El uno sin el otro no funciona.

Con esta explicación retomo el hilo principal, en la naturaleza el niño encuentra alimento para crecer por dentro. Aprovechar la primavera para visitar entornos naturales permitirá a nuestros niños conocer un mundo que no existe en las ciudades. Podrán tocar, oler, escuchar, mirar, imaginar, jugar, correr, saltar, trepar, caer, levantarse, volar. En definitiva, sentir.


2 thoughts on “Educar es natural

  1. Centro de Arte Inés Alemany Responder

    Gracias a Dios mi hijo tiene unos abuelos fantásticos que le han preparado un corral con gallinas, gallos de engorde, conejitos y patos. Si lo viesis con 11 meses darles de comer a las gallinas…

  2. Estefanía González Responder

    Vaya suerte, ¡seguro que lo pasa fenomenal!

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