Las tres mentes

Una de mis frases preferidas es la de ‘Aprende de tus hij@s‘. Otra de ellas sería ‘Conoce a tu hij@‘. La educación no puede seguir un objetivo si no conocemos dónde nos encontramos. ¿Cómo indicar el mejor camino hacia donde queremos ir, si no sabemos dónde estamos?

Todos los padres pensamos que conocemos a nuestr@s hij@s. Pero, ¿los conocemos realmente? ¿Dedicamos tiempo suficiente, cuando son pequeños, a hablar con ellos, a que se expresen? ¿Hacemos caso de sus inquietudes, o les cortamos diciendo: “Eso no es nada”? ¿Analizamos el porqué de sus comportamientos, o les excusamos diciendo; “Es que es muy movido”?
Los niños no utilizan el mismo lenguaje que nosotros para comunicarse o para expresar sus emociones. Necesitan que sus padres les escuchen, sea cual sea la forma que ellos elijan para expresarse.

El niño, al igual que el adulto, no es sólo un cuerpo físico. Es también una mente pensante y unas emociones. Los padres muchas veces, debido a la vorágine del día a día, nos conformamos con alimentar su cuerpo físico y el mental. Les alimentamos como podemos y le llevamos a la escuela. Los niños estudian y comen. Los padres intentamos que nuestr@a hij@s dispongan de un cuerpo sano y de una mente inteligente. Pero,
¿quién y cuándo alimenta sus emociones? ¿Quién ha establecido el tiempo diario para comunicarse con su hij@? ¿Quién enseña a su hij@ a conocer y a gestionar sus sentimientos? Una mente y un cuerpo únicamente no forman una persona. Necesitamos algo más para distinguirnos de las máquinas. Y ese algo es justamente aquello que nos diferencia de ellas, nuestra mente emocional.

Al igual que los padres conocemos el estado de salud general de nuestro hijo, los alimentos que ha tomado a lo largo del día, los conocimientos académicos que ha aprendido, dediquemos diariamente algo de tiempo a conocer el estado de salud emocional de nuestr@s pequeñ@s. Ell@s nos lo agradecerán. Atendiendo al desarrollo de su mente emocional, les estamos ayudando a relacionarse mejor con los demás y con sí mismos, a madurar y a hacerse mayores con más seguridad en sí mismos. En definitiva, a ser buen@s y felices.


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