La autonomía no es un riesgo

Cuántas veces hemos oído frases como “¡No subas ahí, que te vas a caer!”, “Yo te doy de comer, que sino te pones perdido!”, o “Ya recojo yo, tú quédate tranquilito viendo la televisión”. Incluso alguna de ellas las hayamos dicho nosotros mismos. Una de las cosas que más me asombra de los padres es que bajo el pretexto de hacer el bien para nuestros hijos, somos capaces de cometer los mayores errores.

Maria Montessori ha sido una de las grandes promotoras de favorecer el desarrollo de la autonomía en los niños. En sus libros podemos leer cómo en sus escuelas, las llamadas “Casas de los Niños”, se les anima a hacer las tareas domésticas por sí mismos. No sólo las que tienen que ver con su persona, sino también con el entorno en el que ellos trabajan. En sus experiencias con los niños, Montessori observó cómo los niños desde los 2 años respondían muy positivamente a la realización de tareas básicas relacionadas con el orden y la limpieza, como por ejemplo quitar el polvo, lavar los platos o recoger la mesa. ¿Imagináis lo que le diríamos hoy muchas madres a esta magnífica pedagoga? ¿Cómo reaccionaríamos si nos dijesen que nuestro hijo en la escuela ha estado quitando el polvo, o lavando los platos?
El saberse capaces de realizar tareas sencillas y de colaborar en las más complejas, crea en ellos una gran confianza en sí mismos. La autonomía es el mejor camino para el desarrollo de la autoestima en los niños.

En la sociedad de hoy nos da miedo dar tareas y responsabilidades a los niños. Es frecuente escuchar frases como: “Deja al niño, que ya le recojo yo el plato”, “¿Quitar el polvo? ¡Tú lo que tienes que hacer es estudiar!”. Sin embargo, cualquiera que haya tenido un niño de 2 años sabe cuánto les gusta ayudar en las tareas del hogar. Sin embargo la mayoría de padres frenamos estas iniciativas, con frases como “¡Deja la fregona, que te ensucias!” “¡Suelta el plato, que al final se romperá!” “Es mejor que mamá limpie los cristales, tú vete a ver la tele y a descansar”

Cuando les impedimos ser autónomos, y colaborar en las tareas del hogar, estamos anulando:
1) Su capacidad de colaboración en los asuntos familiares (que querremos que recuperen en la adolescencia, cuando ya sea tarde).
2) Su autonomía. Al niño que le dan todo hecho, tiende a depender de los demás para todo. (¡Incluso podríamos llegar a conseguir que cuando sea adulto venga a casa a que le lavemos la ropa!)
3) Su responsabilidad personal. Al niño a quien no se permite colaborar en tareas del hogar le estamos convirtiendo en un adulto incapaz de asumir sus propias responsabilidades. Si esperamos a que sean adolescentes para enseñarles normas o educarles, será demasiado tarde.

Los niños entre 3 y 6 años tienen unas ganas inmensas de aprender y de ayudar. Hemos de darle salida a esas fuerzas interiores que salen del niño, que no quiere más que crecer y ser autónomo. Del mismo modo que no les impedimos crecer en altura, ¿por qué hemos de impedirles crecer en autonomía? Demosles la oportunidad de hacerlo


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