La autoestima

Mucho se habla de ella, o más bien de la falta de la misma cuando hablamos de niños. Personalmente pienso que mantener un adecuado autoconcepto en nuestros hijos debería ser el norte que nos guíe en las decisiones que tomamos respecto a su educación.

El primer paso debería ser conocer el nivel de autoestima que tiene nuestr@ hij@. Y este punto es especialmente complicado, ya que muchas veces se confunde con tener un fuerte carácter, o incluso con ser agresivo. Os pongo un ejemplo, una niña de 5 años está jugando en el parque con sus amigas. Llega un momento en el que se encuentra sola jugando. Entonces, acude a su madre y le dice: “Mamá, nadie quiere jugar conmigo” La madre, que está charlando animadamente con sus amigas le contesta: “No seas llorica, anda y vete a jugar con ellas”. La reacción de la niña es la de gritarle a su madre y enfadarse con ella. ¿Qué ha pasado? Su madre la ha humillado sin quererlo delante de las otras madres llamándole llorica, en vez de escucharla. ¿Fuerte carácter, o falta de autoestima? Probablemente las dos cosas.
Si no conocemos dónde estamos, no podemos orientarnos en nuestro camino hacia el éxito. Descubre el nivel de autoestima que tiene tu hijo, y actúa en consecuencia.

Una vez establecido el lugar en el que nos encontramos, está bien que ideemos una serie de acciones para mejorar el concepto de sí mismo que tiene nuestr@ hij@ (lo cual no implica aflojar las reglas que el niño deba cumplir en casa). Una de ellas puede ser alabar el esfuerzo que realice en la consecución de una tarea, no el resultado de la misma. Las cosas le pueden salir bien o mal, por eso lo importante es animarle a que se esfuerce. Otra acción puede ser animarle a realizar pequeñas tareas que pueda realizar él solo. Estas tareas pueden ser elegirse la ropa el fin de semana, hacer la cama o poner la mesa.
Pequeñas acciones como estas dan un resultado excelente, l@s niñ@s sienten que son útiles. Muchas veces pensamos que hacemos mejor para ellos si les evitamos estas tareas, y en realidad les estamos despojando de sus ansias de crecer.

La escucha activa sería el último punto en el que me centraría. El niño que se siente atendido y escuchado, tiene más valor para afrontar las frustraciones, y por ende, también se valora más a sí mismo. “No tienes ni idea”, “Tú no sabes nada” o “Pero mira que dices tonterías” deberían ser frases a eliminar de nuestro vocabulario. Los niños piensan diferente. Es más fácil que aprendamos nosotros como padres a entender su mundo, a que ellos entiendan el nuestro.
Los niños que se sientes escuchados, tienen un mejor concepto de si mismos. Sienten que sus padres atienden sus necesidades. Pisan sobre terreno firme, tienen confianza en ellos mismos y en el apoyo de su familia.

La autoestima es el cimiento sobre el que se apoyan todas las demás capacidades, tanto en los niños como en los adultos. Como padres, podemos contribuir desde hoy a crear la base de la personalidad de nuestr@os niñ@s.  Así serán más fuertes para afrontar los obstáculos del mañana.