Educar para la libertad

El otro día leí en el reglamento de régimen interno de la guardería de una de mis hijas que uno de sus objetivos era el de educar a los niños para que crezcan libres. No era la primera vez que lo leía, pero sí que era la primera vez que entendí la complejidad del mensaje.

En estos tiempos la individualidad es poco apreciada, más bien cuando más iguales seamos al resto mejor. Todos vestimos igual, todos vamos a los mismos sitios y casi pensamos igual. El sentimiento de pertenencia al grupo a veces nos parece que está por encima de nosotros mismos.
No es sencillo educar para tener ideas propias, sean o no sean apoyadas por familiares o amigos.
Decía Rudolf Steiner que no debemos educar a los jóvenes para que se adapten a la sociedad, sino que la sociedad debe ser capaz de permitir a los jóvenes desarrollarse en plenitud. ¿Cómo estamos haciendo con nuestros niños, cuando no les permitimos elegir su propio camino, ni ser ellos mismos bajo pretexto de hacer lo normal? Hablo de permitirles elegir sus propios amigos, su propia ropa o sus actividades extraescolares. Conozco a una niña de 10 años que juega al fútbol en un equipo de chicos desde hace un año. Se ha ganado el respeto de sus compañeros por lo bien que lo hace, así como el de sus familiares, que ven como los domingos no tiene problemas en levantarse pronto para ir a jugar su partido.
Seamos consecuentes con lo que predicamos, y no hagamos como una conocida que se vanagloriaba de la libertad que dejaba a su hija para elegir su futuro: Sí, sí, ella estudiará lo que quiera, puede elegir Farmacia, Derecho,…

Entendamos que educar en libertad significa proporcionar a nuestros niños las herramientas que les permitan tomar sus propias decisiones de manera que se orienten en su vida por el mejor de los caminos. Pero de ninguna manera puede significar elegir por ellos.