La primera infancia (de 0 a 6 años)

La psicología evolutiva nos dice que la personalidad del niño se forma en sus primeros 6 años de vida. De ahí la enorme importancia de estos años de la vida de nuestros hijos. En esta época empiezan a entender el entorno en el que viven y a relacionarse con él, desarrollan su personalidad, autoestima y la confianza en sí mismos. La relación que nosotros como padres creemos entre ellos y nosotros es la que determinará el tipo de persona en la que se convertirán nuestros hijos el día de mañana.
Lo más importante que le podemos dar es por descontado cariño y amor. Pero ese cariño y ese amor no deben ir separados de la aceptación de la propia responsabilidad. Nuestros hijos deben aprender por sí mismos. Deben comer solos, aunque se manchen. Deben vestirse solos, aunque se pongan los pantalones al revés. Y lo más importante, deben cometer sus propios errores. Desde pequeños.
Los padres queremos que los niños sean felices, y que nunca les pase nada malo. El problema es que a veces confundimos el amor que les tenemos con el excesivo proteccionismo. Los niños necesitan y muchas veces hasta nos piden que les enseñemos a superar los obstáculos por sí mismos. Sólo así sabrán salir adelante ante cualquier circunstancia que se les presente en la vida.
La segunda cosa más importante en la primera infancia es sin lugar a dudas la actividad artística. Por actividad artística se entiende todo tipo de actividad que el niño puede realizar con sus manos y con productos sencillos como barro, cartón, envases, pintura, pinceles y su imaginación. Viene a ser más o menos lo que las madres intentamos evitar que hagan los niños porque acaban hechos un desastre, con pintura hasta en las orejas. El trabajo manual une el mundo interior con el exterior. El mundo interior es el que piensa lo que quiere crear, el mundo exterior es el que lo plasma en colores, formas o texturas. El estado anímico de un niño se encuentra muchas veces representado en el trabajo manual que realiza. En sus trazos, fuertes si está enfadado o quiere afirmar su personalidad y flojos si está falto de autoestima, en los colores, vivos si es un niño lleno de energía, o negros y grises si tiene algún problema que le aflige.
El niño que puede expresarse libremente por medio del arte está desarrollando una personalidad manifiesta, comunicativa y abierta. Está utilizando el arte como medio de expresión de su yo interior.
Como conclusión a este post, te pido que te sientes a pensar unos minutos. Sin televisión, sin radio, sin teléfono. Y que pienses en lo que has leído. Probablemente llegues a la misma conclusión que yo. Que no hay nada más importante para tu hijo que tu mano para ayudarle a levantarse cuando se caiga, y un bote de pintura de dedos.

La imaginación y el juego

Muchas veces he pensado que tener imaginación es virtud de unos pocos, y que hay otros que nacemos sin ella y así lo tenemos que aceptar. Algo así como el que nace con los tobillos gordos o muy pelud@.

A priori puede parecer una característica superflua, o sin importancia, pero pienso que no es así. La imaginación y la creatividad son indispensables hoy en día. Dicen que Steve Jobs era ante todo un genio creativo. A quién si no se le pudo ocurrir una idea tan revolucionaria como el IPhone, un concepto de uso y utilidad totalmente novedoso. O como Leonardo da Vinci, que al margen de su formación como pintor, se le conoce también como creador de múltiples artilugios, muchos de ellos aún utilizados actualmente.

Pero no nos pongamos el listón tan alto, conformémonos con trabajar un poco cada día con nuestros niños el desarrollo de su imaginación. Para ello podemos empezar por unas acciones sencillas. La primera es sencillamente aumentar el tiempo de juego. La segunda es dar al niño juguetes lo más sencillos posible. De este modo, se acostumbra a jugar con su mente, se esfuerza por crear y no se limita a usar lo que otros han pensado para él. Piensa en la diferencia que existe entre un niño que elabora una función de teatro basada en un cuento, y otro que ve el mismo cuento en una adaptación para la televisión. Mientras en el primer caso utiliza sus propias habilidades (expresión oral, memoria, imaginación) que surgen de su interior, en el segundo caso simplemente acepta la historia y la imagen que una gran compañía ha diseñado para él. No hay trabajo creativo.

La buena noticia es que la imaginación se ejercita con el uso. Cuanto más tiempo dediquen a jugar, más estarán desarrollando su capacidad de crear. El tiempo de juego es inmensamente importante en la primera infancia. Porque desarrolla la imaginación y la creatividad, cualidades que serán imprescindibles para ellos en la edad adulta, les permitirá afrontar los desafíos personales y profesionales con una perspectiva positiva y resolutiva. Démosle al juego la importancia que tiene. ¡Ya habrá tiempo para los inventos!

Aprende de tus hijos

Me gustaba mucho aquel anuncio que decía “Aprende de tus hijos”. Desde que me convertí en madre, no han sido pocas las ocasiones en las que me he acordado de esta frase. No hay más que pararse a observar a un niño para darse cuenta de lo descolocados que en estos tiempos estamos los adultos, acelerados por la vida que llevamos.

Lo primero que deberíamos aprender de los niños es a utilizar la imaginación, la creatividad. Ellos viven literalmente en un mundo imaginario, donde existen las hadas y las brujas, las princesas y los príncipes, los unicornios y los dragones. Los niños perciben el mundo de otra manera. Mediante el juego crean entornos y situaciones increíbles para nosotros. Se imaginan a sus abuelitos volando en silla de ruedas hacia el espacio de colores, donde viven un sol y una sola.

En definitiva, nos enseñan a despegar un poco los pies del suelo, al que nos aferramos con empeño. Vivimos adheridos a materialismos que hemos creado nosotros mismos, y a menudo los problemas del trabajo nos paralizan. Si dedicásemos al menos 15 minutos al día a jugar con nuestros hij@s ganaríamos mucho. No sólo haciéndoles felices, sino que aprenderíamos mucho de ellos.

He comentado anteriormente que los niños no ven el mundo como nosotros. Además, tampoco se expresan como nosotros. Los niños son los reyes de la sinceridad: “Abuela, ¿tú cuándo te vas al cielo?”. O esta frase tan perjudicial para la autoestima de una madre: “Mamá, tu barriga está un poco gordita, ehh??”. También los niños son capaces de expresar alegría y tristeza, odio y rabia en cualquier momento y lugar, sin ningún pudor. Esta característica en muchas ocasiones nos puede parecer odiosa (véase cuando se tiran al suelo en la cola del supermercado cuando no les compras un caramelo). Otras sin embargo nos hace darnos cuenta de cómo se están sintiendo. “Mamá, lloro porque me ha puesto triste que Juan no quiera jugar conmigo

Esta transparencia en sus emociones es la manera que utilizan para relacionarse con su entorno, y para hacernos ver cómo se sienten. Atendiendo al niño cuando se expresa libremente le estamos demostrando que nos importa, y nos permite explicarle el porqué de las cosas (Juan ahora no quiere jugar porque ha venido su papá y quiere jugar con él un rato).

En resumen, cada día nos ofrece un sinfín de oportunidades de descubrir un mundo nuevo de la mano de nuestros hijos. No desperdiciemos esta oportunidad bajo el pretexto de que no tenemos tiempo. No perdamos la ocasión de volver a ser niños y de aprender de nuestros hijos a recuperar la imaginación que un día sin saber cómo perdimos. Tampoco dejemos de llorar y reír un poco cada día. De este modo dejaremos salir de nuestro interior sentimientos que se quedaron estancados el día en que, sin saber cómo, nos hicimos mayores.