Alen de Ningures

Hoy se han acercado a educaencolores unas personas muy especiales. Se llaman Alejandrina, Ana y Antonia.

Están colaborando en un proyecto de crowdfounding. Para quien no sepa lo que es, se trata de conseguir dinero a través de las redes sociales, para financiar un proyecto. Cada persona interesada puede aportar su pequeño granito de arena, y granito a granito, si llegan a una gran cantidad de personas, pueden llegar a conseguir su objetivo. Ellas ya está a medio camino de conseguirlo.

Nos presentan una idea preciosa, y muy adecuada para los tiempos que van  a venir antes de darnos cuenta. Se trata de un calendario de adviento, donde en cada ventanita nos encontramos con un cuento de Navidad proveniente de diferentes países del mundo.

El calendario será fabricado en España, y con materiales respetuosos con el medio ambiente. ¿No es un proyecto perfecto?

Ellas se presentan de esta manera:

Alén de Ningures (Mas allá de ninguna parte) surgió hace un año cuando tres madres inquietas decidimos reunirnos para compartir algo más que una taza de té y comenzamos a colaborar para dar forma y ofrecer algunas de nuestras ideas, dirigidas a un ámbito familiar y con la intención de promover relaciones y espacios de calidad entre padres e hijos.


Alén de Ningures somos Alejandrina, Antonia y Ana. 


Aquí nos dejan algunas imágenes de su proyecto.

Y por supuesto, el enlace a su proyecto de crowdfounding.

http://www.verkami.com/projects/12712-calendario-de-adviento#

Mucha suerte a las tres y espero poder disfrutar esta Navidad de este precioso calendario.

Mamamorfosis con Demicasaalmundo

Hoy quiero aprovechar el post de hoy para apoyar un proyecto que me parece muy interesante, impulsado por Aguamarina desde su blog Demicasaalmundo!

Se trata de un libro donde se han unido madres de todo el mundo con el interés común de contar su experiencia como madres. Hoy en día la maternidad está en cierto modo infravalorada, y muchas mujeres puérperas están pensando en cuándo podrán volver a recuperar su vida anterior, más que en ser conscientes del maravilloso camino que están realizando. Como mi propia experiencia ha sido la de estar muy perdida, me alegro de poder compartir el trabajo de Aguamarina y de poder difundirlo.

Me hubiera gustado poder disponer de testimonios de maternidad consciente a la hora de ser madre.
Me alegro ahora sin embargo de ayudar a otras personas. Tengo la oportunidad desde mi blog de trasladarlo a otras madres y padres que están en la búsqueda de conocimiento, para darles a sus bebés lo mejor de ellos mismos. Sólo un consejo puedo daros: Seguid vuestro propio instinto.

Aquí os dejo el link al proyecto Mamamorfosis.

Espero que os guste este proyecto, y os invito a difundirlo si así lo consideráis oportuno.

Otro tipo de educación es posible.

El día del libro

Se respira bullicio en la feria del libro. Se percibe el jolgorio y la algarabía de los niños que visitan con sus colegios las instalaciones de los jardines de Viveros. Qué imagen más dulce, niños grandes y pequeños acercándose con el semblante alegre a los libros y a la cultura.

Los libros ejercen una influencia fundamental en la infancia de un niño. No son simplemente una herramienta de aprendizaje, ni una mera fuente de conocimiento. Acercar los libros a los niños sirve para algo más que para hacer de ellos futuros buenos lectores. Los libros narran historias que penetran en el corazón del niño y le acompañan durante su infancia, los libros desarrollan la imaginación que tan necesaria es para el niño, los libros enseñan a utilizar bien el lenguaje y las palabras, los cuentos proporcionan a los niños herramientas que pueden utilizar en su día a día, facilitándoles la expresión de sentimientos como la ira o al tristeza. Conseguiremos multiplicar el efecto positivo que tienen los libros en la vida del niño, si la narración de la historia viene de la mano de su mamá o de su papá. De este modo, desarrollará una vinculación con los libros que durará más allá de su infancia y que le acompañará durante toda su vida. Libros para aprender, sí, pero también libros para enseñar a vivir.

Aprovechando que esta semana se desarrolla la feria del libro en la mayoría de ciudades españolas, os invito a visitarlas con vuestr@s hij@s, y que os empapéis de este ambiente tan saludable, que participéis de las actividades que se proponen y por qué no, a que volváis a casa con un nuevo libro bajo el brazo.

Os recomiendo algún libro de poesía para niños, como los de Gloria Fuertes. Un volumen muy bonito es también Versos del bosque. Os dejo los enlaces a Amazon, por si queréis consultarlos.
¡Buena lectura!

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La autonomía no es un riesgo

Cuántas veces hemos oído frases como “¡No subas ahí, que te vas a caer!”, “Yo te doy de comer, que sino te pones perdido!”, o “Ya recojo yo, tú quédate tranquilito viendo la televisión”. Incluso alguna de ellas las hayamos dicho nosotros mismos. Una de las cosas que más me asombra de los padres es que bajo el pretexto de hacer el bien para nuestros hijos, somos capaces de cometer los mayores errores.

Maria Montessori ha sido una de las grandes promotoras de favorecer el desarrollo de la autonomía en los niños. En sus libros podemos leer cómo en sus escuelas, las llamadas “Casas de los Niños”, se les anima a hacer las tareas domésticas por sí mismos. No sólo las que tienen que ver con su persona, sino también con el entorno en el que ellos trabajan. En sus experiencias con los niños, Montessori observó cómo los niños desde los 2 años respondían muy positivamente a la realización de tareas básicas relacionadas con el orden y la limpieza, como por ejemplo quitar el polvo, lavar los platos o recoger la mesa. ¿Imagináis lo que le diríamos hoy muchas madres a esta magnífica pedagoga? ¿Cómo reaccionaríamos si nos dijesen que nuestro hijo en la escuela ha estado quitando el polvo, o lavando los platos?
El saberse capaces de realizar tareas sencillas y de colaborar en las más complejas, crea en ellos una gran confianza en sí mismos. La autonomía es el mejor camino para el desarrollo de la autoestima en los niños.

En la sociedad de hoy nos da miedo dar tareas y responsabilidades a los niños. Es frecuente escuchar frases como: “Deja al niño, que ya le recojo yo el plato”, “¿Quitar el polvo? ¡Tú lo que tienes que hacer es estudiar!”. Sin embargo, cualquiera que haya tenido un niño de 2 años sabe cuánto les gusta ayudar en las tareas del hogar. Sin embargo la mayoría de padres frenamos estas iniciativas, con frases como “¡Deja la fregona, que te ensucias!” “¡Suelta el plato, que al final se romperá!” “Es mejor que mamá limpie los cristales, tú vete a ver la tele y a descansar”

Cuando les impedimos ser autónomos, y colaborar en las tareas del hogar, estamos anulando:
1) Su capacidad de colaboración en los asuntos familiares (que querremos que recuperen en la adolescencia, cuando ya sea tarde).
2) Su autonomía. Al niño que le dan todo hecho, tiende a depender de los demás para todo. (¡Incluso podríamos llegar a conseguir que cuando sea adulto venga a casa a que le lavemos la ropa!)
3) Su responsabilidad personal. Al niño a quien no se permite colaborar en tareas del hogar le estamos convirtiendo en un adulto incapaz de asumir sus propias responsabilidades. Si esperamos a que sean adolescentes para enseñarles normas o educarles, será demasiado tarde.

Los niños entre 3 y 6 años tienen unas ganas inmensas de aprender y de ayudar. Hemos de darle salida a esas fuerzas interiores que salen del niño, que no quiere más que crecer y ser autónomo. Del mismo modo que no les impedimos crecer en altura, ¿por qué hemos de impedirles crecer en autonomía? Demosles la oportunidad de hacerlo

Las tres mentes

Una de mis frases preferidas es la de ‘Aprende de tus hij@s‘. Otra de ellas sería ‘Conoce a tu hij@‘. La educación no puede seguir un objetivo si no conocemos dónde nos encontramos. ¿Cómo indicar el mejor camino hacia donde queremos ir, si no sabemos dónde estamos?

Todos los padres pensamos que conocemos a nuestr@s hij@s. Pero, ¿los conocemos realmente? ¿Dedicamos tiempo suficiente, cuando son pequeños, a hablar con ellos, a que se expresen? ¿Hacemos caso de sus inquietudes, o les cortamos diciendo: “Eso no es nada”? ¿Analizamos el porqué de sus comportamientos, o les excusamos diciendo; “Es que es muy movido”?
Los niños no utilizan el mismo lenguaje que nosotros para comunicarse o para expresar sus emociones. Necesitan que sus padres les escuchen, sea cual sea la forma que ellos elijan para expresarse.

El niño, al igual que el adulto, no es sólo un cuerpo físico. Es también una mente pensante y unas emociones. Los padres muchas veces, debido a la vorágine del día a día, nos conformamos con alimentar su cuerpo físico y el mental. Les alimentamos como podemos y le llevamos a la escuela. Los niños estudian y comen. Los padres intentamos que nuestr@a hij@s dispongan de un cuerpo sano y de una mente inteligente. Pero,
¿quién y cuándo alimenta sus emociones? ¿Quién ha establecido el tiempo diario para comunicarse con su hij@? ¿Quién enseña a su hij@ a conocer y a gestionar sus sentimientos? Una mente y un cuerpo únicamente no forman una persona. Necesitamos algo más para distinguirnos de las máquinas. Y ese algo es justamente aquello que nos diferencia de ellas, nuestra mente emocional.

Al igual que los padres conocemos el estado de salud general de nuestro hijo, los alimentos que ha tomado a lo largo del día, los conocimientos académicos que ha aprendido, dediquemos diariamente algo de tiempo a conocer el estado de salud emocional de nuestr@s pequeñ@s. Ell@s nos lo agradecerán. Atendiendo al desarrollo de su mente emocional, les estamos ayudando a relacionarse mejor con los demás y con sí mismos, a madurar y a hacerse mayores con más seguridad en sí mismos. En definitiva, a ser buen@s y felices.

La iniciativa

En este país estamos siempre quejándonos de lo mal que está la educación, de las pocas facilidades para conciliar hogar y trabajo que se dan a las madres y padres que tienen hij@s, o del elevado paro que hay. Hablando con mi cuñado sobre esto lancé una pregunta al aire: “¿Por qué sencillamente no nos vamos a los países donde las cosas van bien en educación (Finlandia), conciliación (Noruega, Holanda), o hay menos paro (Alemania), y nos copiamos de ellos?” A esto, mi cuñado contestó: “Aquí seguramente esas políticas no funcionarían, porque es un problema cultural

Y muy lamentablemente, tengo que darle la razón. Y esto es especialmente patente en temas como la iniciativa de nuestr@s hij@s. Hay países como Alemania, Holanda, Estados Unidos, y un largo etcétera donde se fomenta la iniciativa en l@s niñ@s desde bien pequeños. A partir de los 7 u 8 años, cuando un niñ@ quiere o necesita, por ejemplo, una bici nueva, se la compra con su dinero. ¿Y esto qué significa? Que tiene que trabajar antes o después del colegio para reunir el dinero que necesita. Desde repartir periódicos hasta limpiar coches al vecindario, cualquier trabajo es aceptado para conseguir lo que quieren.

El padre/madre español piensa: “Pero para qué tiene que trabajar el chiquillo si yo se lo puedo pagar“, o “Lo que tiene que hacer es estudiar, que lo demás se lo pago yo“, o “Pobre, ¡mira que hacerle trabajar!“. El padre/madre alemán piensa: “Qué gran lección está aprendiendo, me gusta que sea responsable de sus cosas“, “Me alegra que demuestre esta fuerte determinación por algo que quiere de verdad“, “Le veo motivado y feliz de conseguirlo por sí mismo

Es curioso que en países como Alemania la tasa de paro se encuentre siempre por debajo del 10%. ¿Tendrá, pues, alguna relación? Yo afirmo que sí. L@s niño@s que crecen siendo responsables de sus gastos, desarrollan la habilidad de valerse por sí mismos. Cuando sean adultos y les despidan, buscarán otro trabajo. Si no lo encuentran, lo crearán. No esperarán a Papá Estado para que les resuelva los problemas. No se quejarán, actuarán.

Nuestr@s niñ@s necesitan de nuestra guía en su camino hacia la madurez. Esto no implica sobreprotegerles, sino más bien animarles a buscar el camino por ellos mismos.

La autoestima

Mucho se habla de ella, o más bien de la falta de la misma cuando hablamos de niños. Personalmente pienso que mantener un adecuado autoconcepto en nuestros hijos debería ser el norte que nos guíe en las decisiones que tomamos respecto a su educación.

El primer paso debería ser conocer el nivel de autoestima que tiene nuestr@ hij@. Y este punto es especialmente complicado, ya que muchas veces se confunde con tener un fuerte carácter, o incluso con ser agresivo. Os pongo un ejemplo, una niña de 5 años está jugando en el parque con sus amigas. Llega un momento en el que se encuentra sola jugando. Entonces, acude a su madre y le dice: “Mamá, nadie quiere jugar conmigo” La madre, que está charlando animadamente con sus amigas le contesta: “No seas llorica, anda y vete a jugar con ellas”. La reacción de la niña es la de gritarle a su madre y enfadarse con ella. ¿Qué ha pasado? Su madre la ha humillado sin quererlo delante de las otras madres llamándole llorica, en vez de escucharla. ¿Fuerte carácter, o falta de autoestima? Probablemente las dos cosas.
Si no conocemos dónde estamos, no podemos orientarnos en nuestro camino hacia el éxito. Descubre el nivel de autoestima que tiene tu hijo, y actúa en consecuencia.

Una vez establecido el lugar en el que nos encontramos, está bien que ideemos una serie de acciones para mejorar el concepto de sí mismo que tiene nuestr@ hij@ (lo cual no implica aflojar las reglas que el niño deba cumplir en casa). Una de ellas puede ser alabar el esfuerzo que realice en la consecución de una tarea, no el resultado de la misma. Las cosas le pueden salir bien o mal, por eso lo importante es animarle a que se esfuerce. Otra acción puede ser animarle a realizar pequeñas tareas que pueda realizar él solo. Estas tareas pueden ser elegirse la ropa el fin de semana, hacer la cama o poner la mesa.
Pequeñas acciones como estas dan un resultado excelente, l@s niñ@s sienten que son útiles. Muchas veces pensamos que hacemos mejor para ellos si les evitamos estas tareas, y en realidad les estamos despojando de sus ansias de crecer.

La escucha activa sería el último punto en el que me centraría. El niño que se siente atendido y escuchado, tiene más valor para afrontar las frustraciones, y por ende, también se valora más a sí mismo. “No tienes ni idea”, “Tú no sabes nada” o “Pero mira que dices tonterías” deberían ser frases a eliminar de nuestro vocabulario. Los niños piensan diferente. Es más fácil que aprendamos nosotros como padres a entender su mundo, a que ellos entiendan el nuestro.
Los niños que se sientes escuchados, tienen un mejor concepto de si mismos. Sienten que sus padres atienden sus necesidades. Pisan sobre terreno firme, tienen confianza en ellos mismos y en el apoyo de su familia.

La autoestima es el cimiento sobre el que se apoyan todas las demás capacidades, tanto en los niños como en los adultos. Como padres, podemos contribuir desde hoy a crear la base de la personalidad de nuestr@os niñ@s.  Así serán más fuertes para afrontar los obstáculos del mañana.

Educar es natural

En la actualidad nuestro ritmo de vida nos lleva a estar cada vez más concentrados en grandes ciudades. De casa al trabajo y del trabajo a casa, muchos días ni siquiera podemos ver la luz del sol. Lo que para nosotros es más o menos incómodo, influye de manera más particular en nuestros niños. Vivimos en casas cada vez más pequeñas. El desahogo de los niños consiste en jugar en el patio del colegio, generalmente hecho de cemento. Para después ir al parque del barrio, a jugar con los columpios hechos de plástico y a tomar una merienda que ha sido procesada y envasada.

Esta generación vive de espaldas al medio natural. Aún pudiendo en la ciudad tener contacto con flores y animales, los padres generalmente anulamos estas iniciativas. Quién no ha dicho alguna vez frases como “¡No toques las plantas, que te ensucias!”, cuando el niño había descubierto el maravilloso contraste de colores de una flor. O “¡Pero qué asco, suelta ese gusano!”, cuando el niño ha observado que había algo que removía la tierra y tenía curiosidad por descubrir qué era. O también “No juegues con esa tierra, que está sucia y te pondrás malito!”, ¡como si existiese la tierra limpia!

La infancia es la época del descubrir el mundo (después llega la edad adulta, que es la de digerirlo). Los niños tienen una curiosidad innata, y sólo el que la satisface por sí mismo crecerá libre y autónomo. El niño tiene el deseo constante de descubrirlo todo. Si le coartamos esa necesidad, es como si le estuviésemos dejando sin comer. Te lo explico de otra manera, hay alimentos que alimentan el cuerpo y otros que alimentan el alma. Y los niños (tanto o más que los adultos) necesitan de ambos. Si le preparas su desayuno preferido, mientras le estás gritando para que se dé prisa, seguramente llegaréis tarde. Le estás dando alimento para el cuerpo, pero no alimento emocional. El uno sin el otro no funciona.

Con esta explicación retomo el hilo principal, en la naturaleza el niño encuentra alimento para crecer por dentro. Aprovechar la primavera para visitar entornos naturales permitirá a nuestros niños conocer un mundo que no existe en las ciudades. Podrán tocar, oler, escuchar, mirar, imaginar, jugar, correr, saltar, trepar, caer, levantarse, volar. En definitiva, sentir.

Los niños y el fracaso

En nuestra sociedad se tiene un miedo atroz al fracaso. Cuando fracasamos pensamos que hemos fallado, que hemos perdido el tiempo, o mucho peor, que con nuestro error hemos decepcionado a alguien. Como consecuencia nos sentimos frustrados y nuestra motivación por seguir adelante se ve minada.

Del mismo modo que los adultos pensamos que los fracasos son graves catástrofes, así alimentamos a nuestros hijos con estas ideas. Lo hacemos cuando consideramos un fracaso el que no jueguen bien en el equipo de fútbol, cuando nos traen malas notas o cuando han tenido un mal comportamiento en clase. Todo son fracasos.
Quizá sería mejor darle la vuelta a la tortilla, y ver en qué podemos mejorar para la próxima. Para mí, la vida no es más que un camino de aprendizaje, y los fracasos no son más que meros obstáculos que se ponen en nuestro camino para ser superados. Si privamos a los niños de la capacidad de fracasar, les privamos de la capacidad de aprender de sus errores y de superar la frustración. Cómo van a superar que les echen del trabajo, que les deje la novia o novio, o que les rechacen un proyecto.
En los Estados Unidos cuando pides financiación para crear una empresa, lo primero que te preguntan es “¿Cuántos fracasos ha tenido ya?” Y ojo con decir que ninguno, porque te responderán “Cuando haya fracasado varias veces puede Vd. volver”. La mejor manera de aprender es con los propios errores. Su cultura sí que entiende que el camino del éxito está lleno de obstáculos con el nombre de fracasos. Estados Unidos es uno de los países con más emprendedores del mundo.
Ayudemos a nuestros niños a fracasar. Ayudemos a nuestros niños a equivocarse y a aprender de sus errores.

Educar para la libertad

El otro día leí en el reglamento de régimen interno de la guardería de una de mis hijas que uno de sus objetivos era el de educar a los niños para que crezcan libres. No era la primera vez que lo leía, pero sí que era la primera vez que entendí la complejidad del mensaje.

En estos tiempos la individualidad es poco apreciada, más bien cuando más iguales seamos al resto mejor. Todos vestimos igual, todos vamos a los mismos sitios y casi pensamos igual. El sentimiento de pertenencia al grupo a veces nos parece que está por encima de nosotros mismos.
No es sencillo educar para tener ideas propias, sean o no sean apoyadas por familiares o amigos.
Decía Rudolf Steiner que no debemos educar a los jóvenes para que se adapten a la sociedad, sino que la sociedad debe ser capaz de permitir a los jóvenes desarrollarse en plenitud. ¿Cómo estamos haciendo con nuestros niños, cuando no les permitimos elegir su propio camino, ni ser ellos mismos bajo pretexto de hacer lo normal? Hablo de permitirles elegir sus propios amigos, su propia ropa o sus actividades extraescolares. Conozco a una niña de 10 años que juega al fútbol en un equipo de chicos desde hace un año. Se ha ganado el respeto de sus compañeros por lo bien que lo hace, así como el de sus familiares, que ven como los domingos no tiene problemas en levantarse pronto para ir a jugar su partido.
Seamos consecuentes con lo que predicamos, y no hagamos como una conocida que se vanagloriaba de la libertad que dejaba a su hija para elegir su futuro: Sí, sí, ella estudiará lo que quiera, puede elegir Farmacia, Derecho,…

Entendamos que educar en libertad significa proporcionar a nuestros niños las herramientas que les permitan tomar sus propias decisiones de manera que se orienten en su vida por el mejor de los caminos. Pero de ninguna manera puede significar elegir por ellos.